Desde Bari y en un ferry operado por la compañía Ventouris (https://ventourisferries.com, también realizan el mismo trayecto las compañías Adria y GNV) llegamos a Durrës. La primera impresión al pisar suelo albanés fue comprobar el mal estado de las carreteras en general y, en particular, lo mal que conducen los albaneses (tipo sur de Italia). Esto genera que la duración de las conducciones por Albania se incrementen sustancialmente respecto a lo que indica el GPS. No nos sentimos nada cómodos conduciendo en Albania.
A primera hora de la mañana y desde Durrës nos dirigimos a Tirana (45min, que nos llevó 1h20), donde elegimos para pernoctar el área Horizon Camping Centre (se puede reservar vía wassap), área algo precaria, pero con todo lo necesario y a 10min del centro. Desde aquí comenzamos nuestra visita a la ciudad.
Antes de comenzar con nuestro recorrido por Tirana, me gustaría indicar que la capital albanesa no me gustó especialmente, por no decir poco o nada. Es verdad que las altas temperaturas de agosto tampoco ayudaron demasiado a cambiar dicha percepción. Eso sí, se ve en un tris debido a la proximidad entre unos y otros de los principales puntos de interés (con un día sobra y en una tarde lo haces).

Tras el desayuno de rigor, nos dirigimos al epicentro de la ciudad, la Plaza Skanderbeg, que recibe dicho nombre por un militar albanés que luchó sin éxito contra la expansión otomana en la zona. En dicha plaza encontraremos la estatua ecuestre del susodicho, el Museo Histórico Nacional (cerrado hasta 2028 por obras), el Teatro Nacional, el Palacio de la Cultura, la Mezquita Et´hem Bey (hay que pagar para entrar, no sé cuánto porque pasé olímpicamente del asunto), la Torre del Reloj, el edificio de la Cabeza de Skenderberg y lo mejor, unos chorros que salen del suelo para poder refrescarte.

Desde la plaza nos dirigimos al mercado Pazari i Ri, una especie de bazar modernizado con productos locales y sobre todo puestos con souvenirs (sin más). A continuación, nos acercamos a tomar algo al Castillo de Tirana, una construcción bizantina de la que solo quedan una muralla y alguna torre en la que se ha construido en su interior un espacio comercial y de ocio.

Tras comer (reguleramente) en una terraza cercana a la Plaza Skanderberg y viendo el calor que hacía, pensábamos que la mejor opción era visitar el Bunk´Art 2, uno de los cientos de búnkeres construidos por el dictador Enver Hoxha, pero hacía el mismo calor fuera que dentro. El búnker en cuestión se ha reconvertido en un museo que describe los años de la República Popular Socialista de Albania desde 1944 a 1985 con un enfoque histórico insuficiente (independientemente de los abusos y horrores que se cometieron durante esos años) y unas caracterizaciones simplonas, pero en esta ciudad no hay mucho más que hacer…

Con el sol ya cayendo y el termómetro algo en descenso, nos dirigimos a visitar The Cloud, una estructura artística metálica (un amasijo de hierros sin más); luego la Mezquita Namazgah (entrada gratuita) y la Pirámide de Tirana, que en su cúspide proporciona una vista de 360º de la ciudad. Finalizado el recorrido por los lugares más típicos de la ciudad, decidimos que era buena hora para comer un helado. Para ello nos dirigimos al barrio de Blloku, donde nos encontramos con La Nocciola Gelatería y dimos cuenta de unos fabulosos helados artesanales (hacía tiempo que no comía un helado tan bueno).

En el barrio de Blloku encontraremos numerosas tiendas, bares, restaurantes internacionales, de comida rápida y la mayor parte del ocio nocturno de la ciudad (yo la verdad no terminé de encontrar mi sitio en ningún lado). Eso sí, para cenar atinamos bien, elegimos el Sakura Sushi Bar donde comimos rico sushi y un más que delicioso ramen. Como colofón a esta visita a Tirana retornamos a la Plaza Skanderbeg para verla por la noche.

