Tras pasar dos noches en el ferry, a eso de las 10h llegamos a Helsinki. Recogimos del camarote nuestras pertenencias y bajamos a por la furgo, pero justo cuando estabamos saliendo por la rampa, la furgo petó y fue imposible arrancarla de nuevo. Un fallo eléctrico! Comienza la odisea: Llamar al seguro, esperar a la grúa, llevarla a un taller… y todo esto con gente hablándote en fines. Finalmente, la furgo se quedó en el taller pendiente de revisar y con la indicación que ya nos llamarían. Tras el consiguiente gabinete de crisis y tras mucho deliberar, decidimos coger un ferry y pirarnos un par de días a Tallin a la espera de noticias (gran decisión!).

Ese mismo día en un ferry operado por la compañía Tallink (https://www.tallink.com) cruzamos de Finlandia a Estonia (80€ ida y vuelta por persona, 2h). Una vez en Tallin, nos instalamos en nuestro alojamiento y comenzamos la visita a la ciudad. Tallin es una ciudad medieval verdaderamente espectacular, su casco histórico completamente amurallado y en un estado perfecto de conservación es una pasada. Además como la ciudad no es demasiado grande es muy cómoda de visitar.

La mejor opción el Tallin, sin lugar a dudas, es perderse por sus calles y encontrar sin esperarlo lugares increíbles. Intentando, eso sí, llevar un cierto orden para no pasar mil veces por el mismo sitio. Nosotros comenzamos la visita por la Plaza de la Libertad, plaza conmemorativa de la independencia estonia tras la disolución de la URSS en 1991. Para a continuación dirigimos a la Plaza del Ayuntamiento, epicentro del casco histórico de la ciudad, donde cerveza en mano intentamos decidir donde poder cenar y tomar algo a la noche.

Tallin tiene una vida nocturna muy animada con bastantes opciones, a lo que hay que sumar que los precios de la bebida son bastante moderados, tirando a baratos. A nosotros de todos los garitos por los que pasamos nos gustaron especialmente dos: El Depeche Mode Bar (si eres fan del grupo este es tu lugar) con un montón de máquinas de petacos y de videojuegos de los 80 y 90, esta muy guapo. El otro bar que nos gustó es un Karaoke, el Satumaa Karaoke, muy bien ambientado (parece una cafetería americana de los 50) y con mucho ambiente. Tras unas cuantas cervezas, incluso nos planteamos salir a cantar En blanco y negro de Barricada que encontramos sorprendentemente entre el listado de canciones, pero vimos que el nivel de la peña era muy pro y nos echamos para atrás (otra vez será).

Al día siguiente, con todo el día por delante, subimos a la colina Toompea para visitar la catedral ortodoxa Aleksander Nevski y asomarnos al mirador de Kohtuotsa y al mirador de Patkuli, desde donde disfrutamos de unas estupendas vistas de la ciudad. El resto de la mañana la ocupamos en perdernos por callejuelas hasta llegar a la espectacular puerta de Viru, entrada principal al casco antiguo de la ciudad.

Mientras comíamos en el Peppersack cerca del ayuntamiento, recibimos la esperada llamada del taller indicándonos el montante de la avería (900€ la broma) y que ya estaba disponible para pasar a recogerla. Lo de la furgo lo dejaríamos para el día siguiente, ahora continuaríamos con nuestra visita a Tallin. Durante la tarde visitamos el peculiar pasaje de Santa Catalina y los túneles de los bastiones de Tallin, una especie de museo en el interior de las murallas que nos muestra aspectos y pasajes de la historia de la ciudad tanto antiguos como contemporáneos. A mi la verdad me sorprendió bastante, muy entretenido de ver y bastante curioso. El resto de tarde-noche la ocupamos en garinbear por la ciudad.
